Durante casi veinte años tuve una empresa dedicada a la rehabilitación de edificios. Trabajaba mucho.
Me levantaba pronto, atendía el negocio, cuidaba de mi hijo, hacía deporte y, cuando jugaba el Madrid en el Bernabéu, disfrutaba de una de mis grandes pasiones: el fútbol.
Entre semana casi todo era rutina. Trabajo. Responsabilidades. Familia. Los fines de semana eran el momento de disfrutar de mi hijo, mis amigos y mi familia.
Tenía una vida construida. Pero estaba cansado. Después de tantos años trabajando cada vez tenía más claro que quería algo que para mí empezaba a tener muchísimo valor:
Tiempo.










