Tailandia

Donde el mar no pide permiso

Julio de 2023. Una escala en Ámsterdam, un vuelo largo y, al aterrizar, el calor húmedo de Bangkok. Después, el sur: Phuket con el mar del monzón, los elefantes, la carretera entre montañas de caliza hasta Krabi, los acantilados de Railay y, al final, Phi Phi. Nueve días con el cielo casi siempre gris y el agua siempre encendida.

JULIO DE 2023 · TAILANDIA · 9 PARADAS

Itinerario según el álbum del viaje · 15–23 de julio de 2023

  1. 01Ámsterdam
  2. 02Bangkok
  3. 03Nai Thon
  4. 04Santuario de elefantes
  5. 05Kata y Big Buddha
  6. 06Cape Panwa
  7. 07Krabi
  8. 08Railay
  9. 09Phi Phi

Ámsterdam · escala

Antes del calor, los canales

El viaje empieza lejos de Asia. Unas horas de escala en Ámsterdam dan para salir de la estación, cruzar los raíles del tranvía y asomarse a los canales bajo un cielo de julio que no termina de decidirse. Bicicletas, puentes y barcos turísticos: un aperitivo del norte antes del vuelo largo hacia el calor.

Barco turístico en la bahía frente a la estación central de Ámsterdam, con la basílica de San Nicolás al fondo
Primera parada: agua, nubes y barcos que salen de la estación.

Bangkok

La ciudad que no apaga la luz

Bangkok recibe a cualquiera con ruido. En Chinatown los carteles rojos y dorados se amontonan sobre la calle, el tráfico no se detiene y el aire pesa. Al caer la noche, la lluvia deja el asfalto como un espejo y los rascacielos se encienden uno detrás de otro. Es la puerta de entrada, no el destino.

Yaowarat Road, el Chinatown de Bangkok, con carteles verticales en chino y tailandés sobre un atasco de taxis, motos y un autobús
Yaowarat: los carteles no dejan ver el cielo; tampoco hace falta.

Nai Thon Beach · Phuket

Donde el mar no pide permiso

En julio el Andamán está en temporada de monzón y se nota. La carretera atraviesa la selva hasta una playa larga y casi vacía, con olas que llegan anchas y blancas. Desde el dron todo se ordena: la línea de espuma, el verde que baja hasta la arena y un mar que manda.

Gris arriba, turquesa abajo. Así fue casi todo el viaje.

Santuario de elefantes · Phuket

Gigantes sin prisa

Lejos de la costa, Phuket es otra isla. Bajo los tejados del santuario, los elefantes se mueven despacio, como si el tiempo funcionara distinto para ellos. Se les da de comer, se les baña con cepillo y manguera bajo la lluvia, y uno termina tan mojado como ellos. Fue la tarde más tranquila del viaje.

Kata y Big Buddha · Phuket

Ver la isla desde arriba

Kata es una bahía en curva con un islote al frente, y desde el dron se entiende entera. Luego, subir al Big Buddha: mármol blanco contra un cielo cargado y, a sus pies, toda la isla. Desde allí se ve hacia dónde va el viaje: más costa, más islas, más agua.

La bahía vista entera, con su islote vigilando la entrada.
Desde arriba la isla parece tranquila. Al fondo, el agua que viene después.

Cape Panwa · Phuket

La bahía en calma

En el extremo sureste de Phuket el mar cambia de carácter. Aquí no rompe: descansa. Veleros fondeados sobre un agua verde y quieta, palmeras pegadas a la arena y una pausa antes de dejar la isla.

Vista de dron de la bahía de Cape Panwa con decenas de veleros fondeados, playa con palmeras y el cabo al fondo
Después del oleaje de Nai Thon, este silencio. La isla se despide sin hacer ruido.

Camino a Krabi

Montañas que salen del suelo

La carretera hacia Krabi cruza un paisaje que parece de otro planeta: bloques de piedra caliza que se levantan verticales sobre la selva. En la costa, esas mismas montañas aparecen en el mar como islotes. El dron sigue la estela de una lancha entre ellos.

Una línea recta en un paisaje que no tiene ninguna.

Railay · Krabi

Donde solo se llega en barco

Railay es una península, pero funciona como una isla: las paredes de caliza la cortan de tierra firme y solo se llega por mar. Arriba, acantilados naranjas que atraen escaladores de medio mundo. Abajo, agua verde y peñones que salen del mar. Y en la sombra de las rocas, los macacos, que mandan más que los carteles.

Vista de dron de los acantilados de Railay sobre agua turquesa, con peñones de caliza en el mar y una barca de cola larga
El día que salió el sol, todo el karst se encendió a la vez.

Phi Phi

El final, en barco

El último día se sale al mar. Peñones solitarios en mitad del agua, acantilados que caen en vertical sobre un turquesa que parece imposible y una playa de arena blanca encajada entre paredes de roca. Después de nueve días de cielo gris, Phi Phi pone el color.

Una roca sola, y el mar alrededor.
Fin de ruta

De Bangkok a Phi Phi el viaje fue bajando de ritmo: del ruido de la ciudad al oleaje de Nai Thon, de los elefantes a la calma de Panwa, del karst de Krabi y Railay a las islas. Nueve días, un dron y un mar que nunca estuvo quieto del todo.